Desatendiendo los problemas infantojuveniles

Déficit de atención y adultocentrismo

Andrés Alvarado C.

7/5/20264 min read

¿Cómo se comprenden los síntomas de un niño inquieto?
¿Qué se hace, qué se busca con lo que se hace?
¿Qué lugar tiene ese niño, entre los adultos a los que perturba?

En un contexto escolar clásico, que un niño no se concentre en lo que se le pide, que atienda a otras cosas o que esté inquieto resulta molesto. Aquello se considera un síntoma, y efectivamente, lo es. ¿Cuál es la respuesta habitual? Primero, llama la atención. Inmediatamente después, se le llama la atención (“quédate quieto”, “estás desconcentrando a tus compañeros”, “toma atención”, “anota en tu cuaderno”), y luego se les llama la atención a sus apoderados: “Juanito es un niño muy amable, muy inteligente, pero no se queda quieto en su puesto. Hay que hacer algo, quizá tiene TDAH”.

Hasta ahora, todo parece indicar que a Juanito algo lo tiene intranquilo… pero se suele desatender aquello y se atiende el síntoma: ¿cómo hacemos que Juanito anote en su cuaderno, se quede quieto y haga caso? Yo plantearía otra pregunta: ¿cómo hacer que Juanito pueda sentirse tranquilo? Ambas preguntas están directamente relacionadas a lo que Juanito estaría mostrando (el síntoma), pero una apunta a una adaptación forzada a determinado contexto, la otra a ayudar al niño.

Existe un sobrediagnóstico de Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad[1], que puede ser resultado de múltiples variables (por supuesto, en última instancia la escasa rigurosidad de las evaluaciones), como la sobreestimulación desde muy temprana edad (celulares, Tablet, uso de aparatos tecnológicos en general, con el acceso a información y contenido inadecuado para niños), las limitaciones del sistema educativo para ofrecer métodos de enseñanza más prácticos e innovadores que estén a la altura de los avances tecnológicos, el adultocentrismo[2] o la exigencia de madurez y buen comportamiento a los niños (tanto desde la Escuela, como de parte de los padres) y la psicologización y medicalización de problemas cotidianos, entre otras.

Quisiera movilizar reflexiones acerca de cómo puede impactar a un ser humano en formación (niños y adolescentes) que sus contextos más seguros (o al menos, los que más frecuenta) respondan a lo que pudiera ser un llamado de atención (involuntario, inconsciente) con un interés instrumental: no importa si le inquieta o le preocupa algo, importa más que le vaya bien en clases, que se adapte. Esto sería como no prestarle atención o cambiar de tema a alguien que te está contando algo muy importante. No hay tiempo para tener ni para escuchar problemas, se necesita la solución rápida: el diagnóstico anticipado, el fármaco omnipotente... Pero, ¿dónde queda Juanito entre todo esto? Silenciado, desplazado, borrado. 

Hay estudios que dan cuenta de la comorbilidad[3] del TDAH y el TOD[4] (Trastorno Oposicionista Desafiante), e incluso después, en la adultez, en TPA[5] (Trastorno de la Personalidad Antisocial). Winnicott advierte sobre la tendencia antisocial, que buscaría restablecer la deprivación[6], lo que permite pensar nuevamente en el niño que frente a las inquietudes que tuvo, fue patologizado y medicalizado, forzado a la subordinación, que es justamente a lo que se opone después, cuando su historia puede haber generado mayor resentimiento, y le puede haber mostrado que no había quien lo escuche, sino quien buscara solucionar los problemas que le daba a los otros, no los suyos.

En este sentido, no pretendo demeritar la importancia del tratamiento farmacológico, sino ameritar la complementariedad de la comprensión sobre los síntomas, más que su mero silenciamiento, y para ello no es necesaria siempre la intervención profesional, sino escuchar y observar mejor a las infancias y adolescencias. Por supuesto, en cuanto se requiera el apoyo psicológico y/o psiquiátrico, se debe solicitar.

Un contexto social, en este caso, una comunidad educativa y una familia que, irónicamente, desatienden las perturbaciones de un niño y luego se sorprenden de su comportamiento “disruptivo” podrían ser arbitrariamente diagnosticados con déficit atencional, pues atienden al pizarrón, entiéndase, la hiperactividad o las dificultades de concentración, y dejan de ver a quien lo escribe, es decir, la persona que se muestra “hiperactiva” o "desatenta", desatendiendo también las vivencias, problemas o preocupaciones que podrían ocasionar su inquietud.

Referencias bibliográficas:

[1] Gatica-Ferrero, S., Santana-Vidal, P. I., & Valdenegro-Fuentes, L. V. (2020). Evidencia de sobrediagnóstico en el TDAH en base a evaluación neuropsicológica: un estudio en escolares chilenos: Evidence of overdiagnosis in attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) based on neuropsychological evaluation: a study in chilean students. Psicogente, 23(44), 1–21. https://doi.org/10.17081/psico.23.44.3587

[2] Priorizar la comprensión del mundo adulto sobre lo que ocurre con los niños y adolescentes.
[3] Que personas diagnosticadas con TDAH, con mayor frecuencia también son diagnosticados después con TOD.[4] Ortiz Giraldo, Blair, Giraldo Giraldo, Carlos Alberto, & Palacio Ortiz, Juan David. (2008). Trastorno oposicional desafiante: enfoques diagnóstico y terapéutico y trastornos asociados. Iatreia , 21 (1), 54-62. Recuperado el 05 de julio de 2026, de http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-07932008000100007&lng=en&tlng=es.
[5] Storebø, Ole & Simonsen, Erik. (2016). The Association Between ADHD and Antisocial Personality Disorder (ASPD). Journal of Attention Disorders. 20. 815-824. 10.1177/1087054713512150. https://www.researchgate.net/publication/258957560_The_Association_Between_ADHD_and_Antisocial_Personality_Disorder_ASPD
[6] Pérdida de algo que estaba siendo bueno.