¿A quién se rescata?
Implicancias de los límites del encuadre


Existe un debate sobre qué hacer cuando un paciente deja de consultar por sus horas, o falta a una hora acordada. Algunos dicen que hay que preguntarles, recordarles, insistirles. Otros, que el responsable de acordar y asistir a sus sesiones es el paciente.
La cuestión va más allá de eso, por más vocación y ganas que tenga un terapeuta por “ayudar” a un paciente, no puede ser que eso sobrepase la propia voluntad y disposición del paciente para implicarse en su psicoterapia. En ese caso, se instalaría una lógica paternalista, asistencial, pudiendo interferir en la demanda de atención, externalizándose, cual padre lleva a su hijo obligado, o cual pareja que da un ultimátum.
Por otra parte, es cierto que, en determinados casos, puede hipotetizarse una fragilidad psíquica que podría tentar al terapeuta de actuar como salvador, como sostén psíquico externo. Aquella lógica podría ser beneficiosa en contextos institucionales, sobre todo cuando la demanda de psicoterapia es externa, mas no en la práctica privada, donde justamente lo que sostiene el proceso es la voluntariedad e implicación del paciente.
Es posible que un paciente al que se le recuerdan sus horas de sesiones asista apremiado por el compromiso y por no fallarle a su terapeuta, más que por su propia implicación en llevar un proceso terapéutico. También es posible que pacientes muy culposos sientan un gran pesar en decirle que no a quien les insiste en reservar una próxima hora de atención. Asimismo, pacientes que acuden por demanda externa (por instituciones o por condiciones impuestas de determinados vínculos), pueden sostener aquella demanda externa, tomando la forma del terapeuta.
Existe toda una lógica del consentimiento, de los límites interpersonales, de la autonomía y de la neutralidad atrás de esto, no se trata solo de terapeuta amable vs. terapeuta frío, ni de vocación o no vocación.
Y sí, sería ideal que nuestros pacientes nos digan por qué dejaron de ir, por qué faltaron, pero si no lo hacen, no nos están ghosteando. No nos deben explicaciones, ni fidelidad. Si eres terapeuta y no puedes lidiar con la incertidumbre, no acompañes a personas que quieren poder hacerlo. Como leí por ahí, decir que un paciente te ghosteó, solo deja en evidencia que nunca existió relación terapéutica.
Así que… ¿a quién se rescata? ¿Para quién son las certezas?
